Si tecleaste ‘qué es el autismo’ en un buscador y llegaste aquí, probablemente hay alguien en tu vida —o eres tú mismo— que acaba de recibir un diagnóstico, que está en proceso de buscarlo, o que simplemente quiere entender mejor este tema. Bienvenido o bienvenida. Estás en el lugar correcto.
En este artículo vamos a explicar qué es el autismo desde la perspectiva científica más actual, desbancando mitos comunes y poniendo en el centro algo fundamental: el autismo no es una enfermedad que hay que curar. Es una forma diferente de procesar el mundo.
El autismo no define los límites de una persona. Define una parte de cómo su mente funciona — y esa mente tiene un valor enorme.
Primero lo primero: ¿qué es el autismo?
El autismo — o Trastorno del Espectro Autista (TEA), como aparece en los manuales diagnósticos — es una condición del neurodesarrollo que se presenta desde el nacimiento y acompaña a la persona durante toda su vida. No es algo que se adquiere ni algo que desaparece. Es parte constitutiva de cómo una persona piensa, percibe y se relaciona con el mundo.
Según el DSM-5-TR, la versión más actualizada del manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría, el autismo se caracteriza principalmente por dos grandes áreas:
- Diferencias en la comunicación e interacción social: las formas en que una persona autista se comunica, expresa emociones y se relaciona con otros pueden ser distintas a las esperadas por la mayoría neurotípica de la sociedad. Esto no significa que no quieran conectar — a menudo lo desean profundamente — sino que lo hacen de manera diferente.
- Patrones de comportamiento repetitivos e intereses intensos: muchas personas autistas tienen rutinas muy definidas, intereses específicos y profundos, y formas particulares de relacionarse con el entorno sensorial. Lejos de ser defectos, estas características frecuentemente son fuente de gozo, habilidad y conexión con el mundo.
Lo más importante que hay que entender desde el inicio: el autismo es un espectro. Eso significa que no hay dos personas autistas iguales. La palabra ‘espectro’ no indica una escala de gravedad de menor a mayor — no existe el autismo ‘leve’ o ‘severo’ como categorías fijas — sino la enorme variedad de perfiles, fortalezas y necesidades de apoyo que existen dentro de la comunidad autista.
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Una historia de definiciones en evolución
Entender el autismo hoy requiere saber que el concepto ha cambiado mucho desde que Leo Kanner lo describió por primera vez en 1943. Kanner identificó a un grupo de niños con características similares y los llamó autistas — tomando el término del griego ‘autos’ (uno mismo) — porque parecían estar encerrados en su propio mundo.
Durante décadas, el autismo se asoció casi exclusivamente con discapacidad intelectual severa y ausencia del lenguaje verbal. Esa imagen, ampliamente difundida y equivocada, todavía persiste en el imaginario colectivo y genera mucho daño.
En los años siguientes, el modelo diagnóstico fue cambiando. En 1994, el DSM-IV introdujo el Síndrome de Asperger como una categoría separada para personas autistas sin discapacidad intelectual asociada. Ese nombre todavía se usa coloquialmente aunque ya no forma parte de la clasificación oficial: en 2013, el DSM-5 unificó todos los subtipos bajo un solo nombre — Trastorno del Espectro Autista — reconociendo que la diversidad de perfiles no cabe en categorías rígidas, sino en un continuo.
En este artículo vamos a explicar qué es el autismo desde la perspectiva científica más actual, desbancando mitos comunes y poniendo en el centro algo fundamental: el autismo no es una enfermedad que hay que curar. Es una forma diferente de procesar el mundo.
¿Qué causa el autismo?
Esta es, sin duda, una de las preguntas más frecuentes y también una de las que más confusión genera. Vamos por partes.
Lo que SÍ sabemos
La ciencia ha identificado que el autismo tiene una base neurobiológica sólida. Existen diferencias en la conectividad cerebral, en la organización de ciertas neuronas y en la forma en que distintas regiones del cerebro se comunican entre sí. Estas diferencias son parte del neurodesarrollo desde etapas muy tempranas, incluso prenatales.
También sabemos que el componente genético es significativo. El autismo tiene una de las tasas de heredabilidad más altas dentro de las condiciones del neurodesarrollo. Esto no significa que exista un ‘gen del autismo’ único y rastreable — la genética del autismo es compleja e involucra la interacción de múltiples genes — pero sí que la biología juega un papel central.
Lo que NO sabemos — y lo que es FALSO
La ciencia no ha identificado una causa única y definitiva del autismo, y probablemente no existe tal cosa. Lo que sí podemos decir con certeza es lo que el autismo NO es:
- No es causado por las vacunas. Este mito, originado en un estudio fraudulento publicado en 1998 y retractado en 2010, ha sido refutado por cientos de investigaciones a nivel mundial. Las vacunas no causan autismo.
- No es causado por una ‘mala crianza’ ni por el frío emocional de los padres. La teoría de la ‘madre nevera’, propuesta en los años 50, fue completamente descartada. El autismo no tiene nada que ver con cómo una familia cría a sus hijos.
- No es causado por el uso de pantallas o redes sociales.
- No es una enfermedad contagiosa.
El paradigma de la neurodiversidad: una mirada que lo cambia todo
Hasta hace relativamente poco, el autismo se entendía casi exclusivamente desde un modelo médico: como un trastorno, un déficit, algo que hay que corregir o normalizar. Ese enfoque ha generado décadas de intervenciones que buscaban hacer que las personas autistas se parecieran más a las neurotípicas — muchas veces a un costo emocional y psicológico enorme para ellas.
El paradigma de la neurodiversidad propone una mirada radicalmente diferente. Este concepto, acuñado por la socióloga australiana Judy Singer a finales de los años 90, parte de una premisa simple pero poderosa: la variación neurológica en los seres humanos es natural y tiene valor. Así como la biodiversidad enriquece un ecosistema, la neurodiversidad enriquece nuestra especie.
Desde este paradigma, el autismo no es un defecto que necesita reparación, sino una forma diferente y legítima de procesar el mundo. Las personas autistas no están rotas. Están en minoría neurológica dentro de una sociedad diseñada principalmente por y para personas neurotípicas — y esa incompatibilidad de diseño es la que genera buena parte de las dificultades, no la persona autista en sí misma.
No existe una forma correcta de tener un cerebro. Existe la diversidad de cerebros — y esa diversidad es parte de lo que hace a nuestra especie extraordinaria.
¿Cómo se manifiesta el autismo? Características frecuentes
Como ya dijimos, el espectro es amplio y no hay dos personas autistas iguales. Sin embargo, hay algunas características que aparecen con frecuencia y que pueden ayudarte a entender mejor el perfil de una persona autista:
En la comunicación e interacción social
- Formas de comunicación no convencionales: algunas personas autistas son verbalmente muy hábiles; otras usan comunicación aumentativa y alternativa (CAA); otras combinan ambas según el contexto y su nivel de energía.
- Dificultad para interpretar lenguaje no verbal o implícito: ironías, sarcasmo, gestos o expresiones faciales pueden resultar difíciles de descifrar, no por falta de inteligencia, sino porque el cerebro autista procesa la comunicación de forma más directa y literal.
- Preferencia por la comunicación directa y honesta: muchas personas autistas valoran profundamente la transparencia y la claridad.
- Conexiones sociales intensas y selectivas: el mito de que las personas autistas ‘no quieren relacionarse’ es falso. Muchas buscan vínculos profundos, aunque en sus propios términos y tiempos.
En el procesamiento sensorial
- Hiper o hiporreactividad a estímulos sensoriales: sonidos, luces, texturas, olores o temperaturas pueden ser percibidos con mucha más o mucha menos intensidad que en una persona neurotípica. Esto no es exageración — es neurología.
- El stimming: movimientos repetitivos como mecerse, aletear las manos, saltar o emitir sonidos son formas naturales de regulación sensorial y emocional. No son síntomas que eliminar, son soluciones que el cerebro autista encontró por sí solo.
En los intereses y las rutinas
- Intereses especiales profundos e intensos: cuando una persona autista se apasiona por un tema, su nivel de conocimiento y dedicación puede ser extraordinario. Estos intereses son fuente de alegría, identidad y a menudo de habilidades excepcionales.
- Necesidad de estructura y predictibilidad: las rutinas no son caprichos — son andamiajes que permiten al cerebro autista gestionar un mundo que a menudo se siente impredecible y sobreestimulante.
Mitos comunes sobre el autismo — y la realidad
🚫 Mito: Las personas autistas no tienen empatía.
✅ Realidad: Las personas autistas pueden ser profundamente empáticas. Lo que a veces difiere es la forma en que expresan esa empatía. Además, la ciencia ha mostrado que la empatía es una vía de doble sentido: las personas neurotípicas también tienen dificultades para entender el pensamiento y las emociones autistas — lo que se conoce como el ‘problema de la doble empatía’.
🚫 Mito: El autismo se cura.
✅ Realidad: El autismo no es una enfermedad, por lo tanto no se cura. Las personas autistas pueden desarrollar habilidades, encontrar estrategias y vivir vidas plenas y satisfactorias con los apoyos adecuados. Cualquier terapia o producto que prometa ‘curar’ el autismo debe ser rechazado.
🚫 Mito: El autismo siempre va acompañado de discapacidad intelectual.
✅ Realidad: La discapacidad intelectual es una comorbilidad que se presenta en una parte de las personas autistas, no en todas. Muchas personas autistas tienen inteligencia promedio o superior. El estereotipo hace un daño enorme a quienes no son detectados porque ‘no lo parecen’.
🚫 Mito: El autismo solo afecta a niños.
✅ Realidad: El autismo acompaña a la persona toda su vida. Los niños autistas se convierten en adolescentes y adultos autistas. El diagnóstico en adultos, especialmente en mujeres, es cada vez más frecuente — y muchas personas llegan a los 30, 40 o más años descubriendo que son autistas.
🚫 Mito: Todas las personas autistas son genios en matemáticas o música.
✅ Realidad: El perfil de habilidades de cada persona autista es único. Hay personas autistas con talentos extraordinarios en áreas específicas, y hay quienes no los tienen. Romantizar el autismo también es una forma de no verlo con honestidad.
¿Y ahora qué?
Si llegaste a este artículo porque alguien cercano a ti acaba de recibir un diagnóstico, o porque tú mismo te estás reconociendo en estas palabras, lo más importante que queremos que te lleves es esto: no estás solo o sola.
El autismo no es el final de ningún camino. Es el principio de uno diferente — y ese camino puede estar lleno de descubrimientos, conexiones reales y una vida construida sobre la autenticidad, no sobre el esfuerzo de aparentar ser alguien más.
En Luma en el Espectro caminamos junto a las familias y a las personas autistas de Querétaro desde el primer día. Si tienes preguntas, dudas o simplemente necesitas hablar con alguien que entienda, escríbenos.
El universo es neurodiverso. Y eso, en Luma, lo celebramos todos los días.
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